domingo, agosto 29, 2010

Al menos no terminé tan borracho; se fueron por ahí de las 9 de la mañana. A pesar de que hace mucho no estaba en tan buena condición física, ya no aguanto tanta fiesta como antes. Prefiero quedarme en casa viendo películas, esa es la verdad.

Recuerdo las mismas conversaciones y podría recitarlas con lucidez y pautas, pues siguen resonando en la profundidad de mi cerebro una y otra vez. Voces. Algunas que hablan sobre las miles de mujeres que se ha tirado, otras sobre la influencia que tiene al conocer al "más pesado" de los zetas, otras más necias sobre lo buenas que estaban las ukranianas que llegaron con mis amigos más feos y otras, las menos patéticas, hablan sobre un posible beneficio económico para mí, por lo que a esas les presto toda mi atención... hasta que se repiten una, y otra, y otra vez, sin que mis respuestas afirmativas acentuadas con una muestra de lealtad militar le convenzan, por lo que me vuelve a reptir: "¿pero de veras te vas con nosotros a XXXXX si te lo pedimos?". ¡Que sí, coño!, estuve a punto de decirle, pero es amigo, está borracho, está porfiado y su sinápsis hace más puente con su egomanía (que necesita ser regada múltiples veces, como la yerba mala), más que con su prudencia.

Miro cómo se corrompen a pesar de nuestra relativa juventud y recuerdo nuestras pláticas pasadas sobre lo injustas que son las clases políticas con su pueblo. Cada vez son más recurrentes las pláticas de los sueldazos, de los reacomodos nepotistas entre los "camaradas", de la repartición del pastel para los más gordos.

Uno de los comentarios me indigna porque sería dinero destinado al campo, pero fue usado para comprar el automovil de algún jefe incompetente y ratero; mas lo escucho a fondo, escondiendo mi repudio, y rasco con preguntas las capas de suciedad, aflojadas por el alcohol, para relucir un poco la verdad de ese mundo y mirar hacia su interior compuesto de mierda..

El salario que me dijo es algo bueno; mucho más de lo que gano(que es poco), y la posibilidad de seguir subiendo la calidad de los escritorios conforme uno va en bolita apoyando y lamiendole las bolas a los jefeZ.

En realidad no sé si aceptaría y ni siquiera podría considerarlo un hecho sabiendo cómo son de habladores, y más borrachos. No estoy conforme donde trabajo ahora, pero tampoco pienso quedarme aquí toda la vida. El puesto sería una buena manera de entrar y corromper el sistema corrompido, de manera que el producto de las magnitudes negativas de éste, traiga consigo una positiva. Pero, ¿de esa manera? ¿Sabiendo que el que está más arriba está saqueando su departamento mientras a uno le pagan por poner carita de pendejo y revisar el MSN en una computadora vieja? ¿Y la gente que necesita el apoyo? Son miles de millones de pesos los que se llevan al bolsillo estos pendejos. Auténticos pendejos.

Lo malo es que ya no sé si es envidia, frustración o indignación. Pero lo que sí reconozco es el enojo. Si tuviera la certeza de que voy a poder contribuir en algo bueno que de verdad ayude, lo aceptaré sin duda, aunque me ensucie indirectamente por trabajar con personas sucias. Pero si es solamente es para disfrazar alguna canallada (como casi logro hacer que me lo confesaran, pues mencionaron la palabra "obras públicas") creo que voy a tener que desistir. Aunque quede como un completo pendejo por rechazar una buena oferta. Como un pendejo pero con la conciencia limpia.... o simplemente me uno a ellos, escalo posiciones y cuando esté entre los más sucios, me pego unos kilogramos de TNT y me trueno entre todos ellos. Ajá, me refiero al recinto legislativo.